El dominio público. Dícese del conjunto de obras que, por su antigüedad, han pasado a estar libres de derechos de autor. En un principio, toda obra estaba en el dominio público, pero se inventó un sistema que, en buena teoría, fue creado para apoyar las ciencias y las artes. Se le otorgaba al autor el derecho a usar en forma exclusiva su obra, y cuando el autor recuperaba los costos invertidos en la creación y distribución de la misma, esta volvía a ser utilizable libremente por todas las personas. Sin embargo, los monopolios intelectuales, como casi todo usufructo, ha terminado por extenderse más allá de lo necesario. Tanto, que ya el dominio público ha pasado de ser un incentivo para la sociedad a un verdadero campo de minas, casi tan intocable como las obras aún bajo derecho de autor.

En tiempos pretéritos, las obras pasaban al dominio público tras 14 años de su publicación. Luego se dio la opción de extenderlo otros 14 años. Luego, otros 28. Luego se extendió hasta volverse literalmente más largo que la vida: por iniciativa de la familia de varios autores, el derecho se extendió hasta 50 años después de la muerte del autor, para ayudar al mantenimiento de la descendencia y pareja sentimental de los autores. Hoy día lo usual es un plazo de 70 años tras la muerte. En varios países, puede llegar hasta 100 años tras el fallecimiento.

Y ahí empieza el rompecabezas. Primeramente, lo que es del dominio público en un país puede no estarlo en otro. Los Estados Unidos, por ejemplo, tienen una bizarra y compleja maraña de extensiones al derecho de autor, que casi precisan de un abogado y un historiador para determinar si una obra es libre de derechos o no. Su vecino del sur, México, tiene el dudoso honor de tener el plazo de derechos más largo del mundo, antes mencionado, de la vida más cien años. Dado que, a la fecha, la persona más longeva tiene 122 años de edad, ¡las únicas obras garantizadas de estar mundialmente en el dominio público datan, cuando mucho, de 1789! Y eso no es todo: la monarquía británica puede otorgar un derecho perpetuo sobre ciertas obras, sean originales (como Peter Pan) o traducidas (la versión jacobina de la Biblia cristiana, por ejemplo). ¡Aunque en el resto del mundo ya esté en el dominio público, la Biblia inglesa por excelencia jamás lo estará en el Reino Unido!

El otro gran problema es que lo que era de dominio público en un país este año, puede no serlo el año siguiente. Las extensiones retroactivas del plazo de derecho de autor aún suceden en los Estados Unidos y Europa, y han afectado el estado legal de múltiples obras en dichas jurisdicciones.

Ya que el dominio público se ha convertido en inconfiable, sólo queda aprovechar el sistema de derechos de autor y utilizarlo a la inversa. Las licencias libres, que explícitamente permiten el uso, distribución y derivación de obras, tienen la ventaja de ser defendibles judicialmente, al ser del mismo tipo que las demás licencias de uso, y además ni expiran ni pueden ser retiradas unilateralmente, lo que le da confianza al usuario.

Así es como, en vez de promover el libre acceso a la cultura y el conocimiento, el monopolio intelectual terminó restringiéndolo, de tal manera que la única forma viable de aprovechar legalmente obras ajenas es si tienen licencia libre; es decir, si utilizan el sistema explícitamente en su contra. ¡Vaya ayuda!

English speakers: a translation over here (temporarily at Diaspora while I create a parallel English blog)

Espero que ya se hayan enterado de la iniciativa del Marzo Negro. Para los que no, recapitularé rápidamente: el grupo semi-clandestino Anonymous planea boicotear el próximo marzo a las llamadas “industrias de contenido”, es decir, a los creadores y proveedores de entretenimiento, sea música, cine, libros, etcétera. Sin embargo, las diversas facciones del grupo y sus aliados se han dividido en dos niveles de boicoteo: uno, el boicoteo meramente económico, y el otro, un boicoteo más ideológico.

Nivel 1: boicoteo económico

  • No comprar discos, libros, películas, programas, juegos, entradas a conciertos, partidos o eventos, etcétera
  • De ser posible, desuscribirse al menos temporalmente de los servicios pagos de entretenimiento (periódico, cable, streaming, etc.)

Este nivel es el que originalmente propuso Anonymous. Desafortunadamente, quedarse en ese nivel tendría un impacto casi nulo: la gente que apoya a los sitios de descargas (como Megaupload) y los servicios de torrent, ya no realiza ninguna de las acciones anteriormente dichas. Es por eso que varias voces han propuesto el segundo nivel.

Nivel 2: boicoteo ideológico

  • Abstenerse de descargar, reproducir o utilizar discos, libros, películas, juegos, programas, etcétera, sea en forma legal o ilegal
  • Abstenerse de visitar sitios de streaming gratuito (ej. YouTube, GrooveShark, etcétera)
  • No asistir a eventos gratuitos
  • Abstenerse de acceder a sitios cuyo contenido tenga derechos de autor (incluyendo periódicos y sitios de opinión)
  • De ser posible, guardar receptores como el televisor y la radio
  • De ser posible, sustituir todos los programas con copyright por alternativas libres (incluyendo especialmente el sistema operativo)

Este nivel es un mundo de diferencia con respecto al anterior. Más que nada porque, en apariencia, implica privarse de todo tipo de entretenimiento durante un mes completo. Nadie espera que una mayoría realice semejante sacrificio… porque no es necesario.

¿Ha oído alguien acerca de la cultura copyleft? Originalmente se aplicó a programas, gracias a los cuales surgieron sistemas operativos como el GNU OS y/o el Linux, pero luego se extendió a todo tipo de aplicaciones y por último a la cultura. Por ejemplo, varios de los artistas que publican sus obras bajo licencia Creative Commons (aunque de paso advierto que no todos por ciertas razones). Hay buena y mucha música, buen cine (aunque no tanto, de momento), y buenos libros bajo licencia libre en este momento.

Bien, ahora al punto. He estado recopilando personalmente una larga lista de música, cine y libros, todos libres para ser redistribuidos y readaptados sin más restricción que mantener esas libertades. Si pudiera contactarme con algún alto mando de Anonymous, o por lo menos con los administradores de sitios de torrents y descargas, para que por ese mes cambiaran sus enlaces por pura cultura libre cuidadosamente recopilada, entonces causaríamos un movimiento jamás antes visto.

Un mes completo donde los internautas descubrirán que no toda obra tiene restricciones. Un mes donde la cultura libre será fortalecida. Un mes donde, quién quita, la gente se anime a liberar sus propias obras.

Un mes donde el impacto que esperaba Anonymous del Marzo Negro pasará de menguarle pobremente los recursos a los tercos titanes del entretenimiento, que sueñan con un mundo en que las ideas estén en un archipiélago de mil pilares alejados, a quitarle la venda de los ojos a miles, millones de internautas que descubrirán un nuevo modo de ser, tener, y hacer cultura, un sistema más democrático, más razonable.

Y eso es un mundo de diferencia.

(Advertencia: Este artículo no es real, simplemente se limita a divagar sobre qué sucedería en un futuro medianamente cercano)

La Free Software Foundation anunció esta semana el lanzamiento de una nueva versión de su sistema operativo libre, denominada gNewSense Purity. El sistema, basado en el núcleo Linux-Libre, está compuesto exclusivamente por software libre, al igual que su proyecto originario, pero lleva el cuidado de la libertad de los usuarios un paso más allá.

gNewSense GNU/Linux fue un importante paso en la defensa de la libertad de software, pero poco o nada hacía por defender otras libertades. Por ejemplo, la versión por defecto de gNewSense incluye decodificadores que, aunque libres, implementan algoritmos patentados. Y ni qué decir de las obras con derechos de autor”, comentó Ignacio Leiva, uno de los desarrolladores. “Así que nos dimos a la tarea de crear una versión que respetara también esas libertades.”

Además de los cambios que realizan las distribuciones avaladas por la FSF (que, entre otras cosas, le quitan soporte a ciertas marcas de hardware y sitios web, que dependen de tecnologías no libres), gNewSense Purity implementa aun más cambios. El soporte para formatos patentados, como Flash, MP3, .NET, Microsoft Office y Photoshop, ha sido totalmente removido. Varios programas (como LibreOffice) han sido recompilados, mientras que otros (como Wine, Gnash, y OpenJDK) han sido removidos de los repositorios.

Sin embargo, el cambio más controversial ha sido el cortafuegos FreedomField. Este programa, basado en Tor y Yay-C (una versión en C del buscador distribuido YaCy), bloquea por defecto el acceso a la Internet abierta, filtrándolo de tal forma que sólo se muestre contenido considerado como cultura libre. “Varios sitios son automáticamente redirigidos a sus alternativas libres”, explica Leiva. “Last.FM, por ejemplo, es reemplazado con Libre.FM Plus, que garantiza que la discografía completa de todos sus artistas tiene licencia libre. Wikipedia es filtrada para eliminar las imágenes no libres, y el logo es reemplazado para evitar la marca registrada de Wikimedia. Estamos casi listos con reemplazos para Facebook, YouTube, Twitter y los diversos servicios de correo y mensajería, estos últimos mediante un servidor que configure el propio usuario como es el caso de la FreedomBox”, añadió. El programa incluso ofrece la posibilidad de bajar el nivel de bloqueo, para acceder a páginas como la de la propia FSF, cuya restricción para modificar sus ensayos sobre la ética del software libre la expulsa, paradójicamente, de su propio sistema operativo.

gNewSense Purity está ya disponible, pero de momento es compatible solamente con computadoras Lemote Yeelong. “Un sistema operativo realmente libre requiere hardware libre”, indica Leiva. “Agregaremos soporte para otras máquinas libres en cuanto salgan al mercado”, comentó.

Entre los planes futuros para Purity se encuentra un programa que detecte automáticamente todos los archivos no libres del sistema del usuario, ya sea por su formato o su licencia, y le solicite convertirlos de formato o eliminarlos según el caso.

Dedicado con más sarcasmo que cariño al Troll Oso Cerdo, amo y señor de la erística antilibertaria.

Gracias por venir a este festival. Esperamos que disfrute este disco de software libre. Sin embargo, tengo la obligación moral de quitarle varias vendas de los ojos.

Quizá no lo haya notado, pero el sistema ha creado múltiples formas de restringir la libertad de las personas. El software no libre, que forma parte del sistema de monopolio intelectual, es una de ellas. Aunque todo el mundo lo usa, lo hacen ignorando que usarlo les priva la libertad: no les permite saber cómo funciona por dentro, los castiga si intentan compartirlo, y los espía sin su consentimiento. Sin embargo, hay una forma de escapar a esa privación. Debo advertir, empero, que ese camino es tortuoso y requiere de grandeza de ánimo.

Sí, deberá dejar de usar los programas y formatos que solía usar. Deberá exigir, de forma razonable pero inflexible, que todos los documentos y multimedia que reciba estén en formatos libres, o privarse de ellos y afrontar con valentía las consecuencias.

Sí, deberá privarse de la mayoría de sitios de Internet, que no respetan su libertad al usar o recomendar tecnologías no libres. Además deberá cortar comunicación con todas las personas que se nieguen a dejar de utilizarlos y pasarse exclusivamente a alternativas libres.

Sí, es muy probable que deba destruir su computadora y celular actuales, y reemplazarlos por alternativas técnicamente inferiores, pero infinitamente superiores en libertad.

Y el software no libre no es la única privación de libertad que hay. Los monopolios intelectuales incluyen también las marcas registradas, los derechos de autor y las patentes. Son tan pervasivas que a toda idea pensada automáticamente se le impone alguno de estos monopolios. El arte, antes libre, ahora sufre de cadenas que impiden compartirla y modificarla, a veces incluso mediante mecanismos de software no libre como el DRM. Sin embargo, al menos para los derechos de autor, hay una alternativa: la cultura libre en formatos libres.

Sí, eso implica que deberá dejar de seguir a sus artistas favoritos. Es más, deberá boicotearlos hasta que sus obras sean libres.

Sí, eso significa que, además de los sitios que usan o apoyan tecnologías no libres o patentadas, deberá rechazar aquellas que, aunque libres, promuevan o incluyan cualquier tipo de obra no libre.

Sí, eso significa que la televisión, la radio, los periódicos y demás medios de comunicación que usa a diario, deberá rechazarlos y reemplazarlos por alternativas libres.

Sí, también deberá dejar de usar cualquier producto que esté patentado o use marcas registradas.

Comprendo que este camino parece doloroso para quien no aprecie realmente su libertad. Pero ahora que lo sabe, tiene el deber de elegir. ¿Seguirá con su vida tal como va, sabiendo que sacrifica su libertad con cada privación que se niega a aceptar, o seguirá el camino de la libertad?

Espere, ¿a dónde va?

Comprendo… ese siervo ya hizo su decisión. El sistema le ofrece comodidad a cambio de su libertad. Y no dejará esa comodidad, pase lo que pase…

Hay múltiples sitios, series, y bandas que, por fortuna, tienen licencia Creative Commons, pero desafortunadamente no califican para cultura libre (a menudo por usar CC-BY-NC o similar). Acá una breve lista de la gente a la que tengo pendiente contactar para convencerlos de cambiarse de licencia, de preferencia enviándoles este documento de la Appropedia:

Una excelente tira cómica (cortesía de “Nerdson no va a la escuela”) sobre las licencias Creative Commons. Cuando me encontré esta tira, me dije que aunque fuera con traductor, la traduciría al español. La tira es CC-BY y fue traducida con GIMP usando puras fuentes libres, tranquilos. Eso sí, conseguir la fuente de cómic me costó tamaño poco: se llama Serafettin y se baja de acá; ocupa FontForge para compilarla (!) así que si ocupan la fuente, o el archivo XCF que usé para traducir, no duden en mandarme un mensaje.

¡Bonus!

También me animé a hacerla en inglés:

La escena musical costarricense tiene una idiosincracia bastante peculiar, bastante diferente de la de otros países. Es más colaborativa, más abierta y menos enfocada en el marketing que en otras latitudes. Si se les invita a hacerlo, no tienen problema en hacer su música abierta al público, en convertirla en la llamada cultura libre.
Ahí es donde entra el movimiento Creative Commons. Consiste en una plataforma legal para que los artistas puedan otorgar permisos a los usuarios que el sistema de copyright impediría por defecto. El movimiento Creative Commons brinda una serie de licencias que permiten la distribución gratuita de las obras a cambio de citar apropiadamente al autor original. Sin embargo, no termina ahí: el autor puede quitar o poner permisos adicionales, como si se puede usar el trabajo con fines comerciales o no, o si se pueden hacer o no trabajos derivados, o si dichas derivaciones deben distribuirse con la misma licencia libre (copyleft) o no. Incluso hay una licencia que permite usar la obra para cualquier fin excepto anunciar otros productos. Por variedad nadie se puede quejar.
Ahora bien, ¿por qué digo que es posible que un modelo donde la música se pueda distribuir en forma gratuita (o libre, según decida el artista) pueda funcionar y triunfar en nuestra escena? Read the rest of this entry »

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