Nota: A solicitud del concurso, esta entrada ha sido escrita primeramente en idioma inglés.

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Difuso

Una historia distópica

CC-BY-SA Carlos Solís. Derechos mayoritariamente invertidos. Se puede solicitar una licencia más liberal.

Esta obra tomó parte del Future of Copyright Contest.


Vera Ruthenford no es una ciudadana ordinaria.

Ella es capaz de ver personas donde otros ven borroso.

Ella es capaz de oír ruido donde otros oyen silencio.

Ella es capaz de percibir la verdad. Read the rest of this entry »

Nota: A solicitud del concurso, esta entrada ha sido escrita primeramente en idioma inglés.

La versión en español está disponible aquí.


BLURRED

A utopian story

CC-BY-SA Carlos Solís. Most rights reversed. More liberal licensing may be available on request.

This work takes part in the Future of Copyright Contest.


Vera Ruthenford is not an ordinary citizen.

She is able to see people where others see blurs.

She is able to hear noise where others hear silence.

She is able to perceive the truth. Read the rest of this entry »

El dominio público. Dícese del conjunto de obras que, por su antigüedad, han pasado a estar libres de derechos de autor. En un principio, toda obra estaba en el dominio público, pero se inventó un sistema que, en buena teoría, fue creado para apoyar las ciencias y las artes. Se le otorgaba al autor el derecho a usar en forma exclusiva su obra, y cuando el autor recuperaba los costos invertidos en la creación y distribución de la misma, esta volvía a ser utilizable libremente por todas las personas. Sin embargo, los monopolios intelectuales, como casi todo usufructo, ha terminado por extenderse más allá de lo necesario. Tanto, que ya el dominio público ha pasado de ser un incentivo para la sociedad a un verdadero campo de minas, casi tan intocable como las obras aún bajo derecho de autor.

En tiempos pretéritos, las obras pasaban al dominio público tras 14 años de su publicación. Luego se dio la opción de extenderlo otros 14 años. Luego, otros 28. Luego se extendió hasta volverse literalmente más largo que la vida: por iniciativa de la familia de varios autores, el derecho se extendió hasta 50 años después de la muerte del autor, para ayudar al mantenimiento de la descendencia y pareja sentimental de los autores. Hoy día lo usual es un plazo de 70 años tras la muerte. En varios países, puede llegar hasta 100 años tras el fallecimiento.

Y ahí empieza el rompecabezas. Primeramente, lo que es del dominio público en un país puede no estarlo en otro. Los Estados Unidos, por ejemplo, tienen una bizarra y compleja maraña de extensiones al derecho de autor, que casi precisan de un abogado y un historiador para determinar si una obra es libre de derechos o no. Su vecino del sur, México, tiene el dudoso honor de tener el plazo de derechos más largo del mundo, antes mencionado, de la vida más cien años. Dado que, a la fecha, la persona más longeva tiene 122 años de edad, ¡las únicas obras garantizadas de estar mundialmente en el dominio público datan, cuando mucho, de 1789! Y eso no es todo: la monarquía británica puede otorgar un derecho perpetuo sobre ciertas obras, sean originales (como Peter Pan) o traducidas (la versión jacobina de la Biblia cristiana, por ejemplo). ¡Aunque en el resto del mundo ya esté en el dominio público, la Biblia inglesa por excelencia jamás lo estará en el Reino Unido!

El otro gran problema es que lo que era de dominio público en un país este año, puede no serlo el año siguiente. Las extensiones retroactivas del plazo de derecho de autor aún suceden en los Estados Unidos y Europa, y han afectado el estado legal de múltiples obras en dichas jurisdicciones.

Ya que el dominio público se ha convertido en inconfiable, sólo queda aprovechar el sistema de derechos de autor y utilizarlo a la inversa. Las licencias libres, que explícitamente permiten el uso, distribución y derivación de obras, tienen la ventaja de ser defendibles judicialmente, al ser del mismo tipo que las demás licencias de uso, y además ni expiran ni pueden ser retiradas unilateralmente, lo que le da confianza al usuario.

Así es como, en vez de promover el libre acceso a la cultura y el conocimiento, el monopolio intelectual terminó restringiéndolo, de tal manera que la única forma viable de aprovechar legalmente obras ajenas es si tienen licencia libre; es decir, si utilizan el sistema explícitamente en su contra. ¡Vaya ayuda!

English speakers: a translation over here (temporarily at Diaspora while I create a parallel English blog)

Espero que ya se hayan enterado de la iniciativa del Marzo Negro. Para los que no, recapitularé rápidamente: el grupo semi-clandestino Anonymous planea boicotear el próximo marzo a las llamadas “industrias de contenido”, es decir, a los creadores y proveedores de entretenimiento, sea música, cine, libros, etcétera. Sin embargo, las diversas facciones del grupo y sus aliados se han dividido en dos niveles de boicoteo: uno, el boicoteo meramente económico, y el otro, un boicoteo más ideológico.

Nivel 1: boicoteo económico

  • No comprar discos, libros, películas, programas, juegos, entradas a conciertos, partidos o eventos, etcétera
  • De ser posible, desuscribirse al menos temporalmente de los servicios pagos de entretenimiento (periódico, cable, streaming, etc.)

Este nivel es el que originalmente propuso Anonymous. Desafortunadamente, quedarse en ese nivel tendría un impacto casi nulo: la gente que apoya a los sitios de descargas (como Megaupload) y los servicios de torrent, ya no realiza ninguna de las acciones anteriormente dichas. Es por eso que varias voces han propuesto el segundo nivel.

Nivel 2: boicoteo ideológico

  • Abstenerse de descargar, reproducir o utilizar discos, libros, películas, juegos, programas, etcétera, sea en forma legal o ilegal
  • Abstenerse de visitar sitios de streaming gratuito (ej. YouTube, GrooveShark, etcétera)
  • No asistir a eventos gratuitos
  • Abstenerse de acceder a sitios cuyo contenido tenga derechos de autor (incluyendo periódicos y sitios de opinión)
  • De ser posible, guardar receptores como el televisor y la radio
  • De ser posible, sustituir todos los programas con copyright por alternativas libres (incluyendo especialmente el sistema operativo)

Este nivel es un mundo de diferencia con respecto al anterior. Más que nada porque, en apariencia, implica privarse de todo tipo de entretenimiento durante un mes completo. Nadie espera que una mayoría realice semejante sacrificio… porque no es necesario.

¿Ha oído alguien acerca de la cultura copyleft? Originalmente se aplicó a programas, gracias a los cuales surgieron sistemas operativos como el GNU OS y/o el Linux, pero luego se extendió a todo tipo de aplicaciones y por último a la cultura. Por ejemplo, varios de los artistas que publican sus obras bajo licencia Creative Commons (aunque de paso advierto que no todos por ciertas razones). Hay buena y mucha música, buen cine (aunque no tanto, de momento), y buenos libros bajo licencia libre en este momento.

Bien, ahora al punto. He estado recopilando personalmente una larga lista de música, cine y libros, todos libres para ser redistribuidos y readaptados sin más restricción que mantener esas libertades. Si pudiera contactarme con algún alto mando de Anonymous, o por lo menos con los administradores de sitios de torrents y descargas, para que por ese mes cambiaran sus enlaces por pura cultura libre cuidadosamente recopilada, entonces causaríamos un movimiento jamás antes visto.

Un mes completo donde los internautas descubrirán que no toda obra tiene restricciones. Un mes donde la cultura libre será fortalecida. Un mes donde, quién quita, la gente se anime a liberar sus propias obras.

Un mes donde el impacto que esperaba Anonymous del Marzo Negro pasará de menguarle pobremente los recursos a los tercos titanes del entretenimiento, que sueñan con un mundo en que las ideas estén en un archipiélago de mil pilares alejados, a quitarle la venda de los ojos a miles, millones de internautas que descubrirán un nuevo modo de ser, tener, y hacer cultura, un sistema más democrático, más razonable.

Y eso es un mundo de diferencia.

Estimados miembros del colectivo NoisNois:

Su apoyo a la música electrónica nacional ha sido considerable, al igual que su aprecio por la remezcla. Sin embargo, la licencia que utilizan por defecto restringe el uso para fines comerciales. Esto trae una serie de dificultades para quienes apreciamos la cultura libre, ya que no permite mezclar su música con obras de licencia libre, y (al menos ideológicamente) es incompatible con proyectos de software libre. Es mi opinión que la restricción comercial, al menos en su caso, es innecesaria, tema que desarrollaré en la siguiente carta. El concepto mismo de uso comercial es más bien nebuloso (incluso, en teoría, reproducir una obra cualquiera en un restaurante, un banco, o incluso un blog mantenido con anuncios, requiere de un permiso para uso comercial), así que discutiré algunos usos comúnmente considerados como comerciales, y las razones por las que no deberían considerarlos amenazas si utilizan una licencia copyleft o de compartir igual (tal que permita su libre uso siempre y cuando sus modificaciones permitan también las mismas libertades).

Uno de los usos comerciales más importantes consiste en el uso de su música en campañas comerciales, por ejemplo anuncios. Si se usa una licencia copyleft, el anunciante requeriría tanto citar al autor de la música en forma notoria en su publicidad, como dar las mismas libertades de redistribución y remezcla con el anuncio, lo que la vasta mayoría de anunciantes considerará como inaceptable. Otro uso común sería el uso en mercadería (por ejemplo con la portada de los discos), pero la licencia obligaría a permitir la libre replicación de la misma, que en el caso de que se animen a realizarlo de todos modos, ustedes (y de hecho cualquiera) podrían venderlos también.

Ahora bien, el uso comercial más usual sería la venta externa de sus discos. En primer lugar, sus temas no podrán ser incluidos en compilados con obras que tengan copyright restrictivo, y en segundo lugar se debe permitir la libre redistribución del disco. De hecho son pocas las casas comerciales que distribuirían sus discos bajo estos términos, máxime que ustedes ya lanzan sus propios discos, lo que lo hace aún menos rentable. Y de todos modos los humildes extranjeros que venden discos quemados en la calle lo harán con ustedes de todos modos. Además, los fanáticos que deseen apoyarlos preferirán comprar sus discos de empresas que compartan ganancias con ustedes, empresas que ustedes pueden apoyar públicamente. Iniciativas como Creator Endorsed realizan precisamente esto.

En resumen, usar una licencia libre que permita el uso irrestricto apoyaría la cultura libre de nuestro país, actualmente tan escasa, al tiempo que les abriría nuevas ventanas de propagación artística, nuevas fuentes de colaboración y remezcla, y especialmente daría mayor libertad para sus fanáticos, tanto para compartir como para remezclar. Esperaré su respuesta y, de ser necesario, resolveré sus dudas.

-Carlos Solís

La escena musical costarricense tiene una idiosincracia bastante peculiar, bastante diferente de la de otros países. Es más colaborativa, más abierta y menos enfocada en el marketing que en otras latitudes. Si se les invita a hacerlo, no tienen problema en hacer su música abierta al público, en convertirla en la llamada cultura libre.
Ahí es donde entra el movimiento Creative Commons. Consiste en una plataforma legal para que los artistas puedan otorgar permisos a los usuarios que el sistema de copyright impediría por defecto. El movimiento Creative Commons brinda una serie de licencias que permiten la distribución gratuita de las obras a cambio de citar apropiadamente al autor original. Sin embargo, no termina ahí: el autor puede quitar o poner permisos adicionales, como si se puede usar el trabajo con fines comerciales o no, o si se pueden hacer o no trabajos derivados, o si dichas derivaciones deben distribuirse con la misma licencia libre (copyleft) o no. Incluso hay una licencia que permite usar la obra para cualquier fin excepto anunciar otros productos. Por variedad nadie se puede quejar.
Ahora bien, ¿por qué digo que es posible que un modelo donde la música se pueda distribuir en forma gratuita (o libre, según decida el artista) pueda funcionar y triunfar en nuestra escena? Read the rest of this entry »

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